En la escuela de medicina se nos enseñó que, para declarar a una persona muerta, debíamos escuchar por más de un minuto los ruidos cardíacos y respiratorios, palpar el pulso, ver la respuesta neurológica iluminando las pupilas con un foco y comprobar la respuesta al dolor presionando con nuestros nudillos el esternón del paciente. Si no respondía, no respiraba y su corazón no latía, la persona había fallecido, se hacía una historia clínica y se llamaba a la morgue.
Existe el síndrome de enclaustramiento, una terrible afección que es una rara lesión focal del tronco encefálico que deja al paciente consciente de su entorno y de lo que sucede a su alrededor, pero paralizado, sin habla e incapaz de responder, e incluso, puede parecer que tiene muerte cerebral, aunque esté completamente consciente. Por lo que en muchos países se exige que antes de declarar a una persona muerta, se realicen electrocardiogramas y electroencefalogramas que, tampoco serían definitivos si el equipo está defectuoso, los electrodos no fueron bien colocados o el operador no tiene la suficiente experiencia en su manejo.
Y no es una inquietud moderna. Los ataúdes victorianos en muchos casos incluían una alarma operable desde dentro por si acaso se había producido un entierro prematuro.
Un pequeño niño del estado de Arizona que fue declarado muerto, un médico del hospital lo encontró con vida 5 horas después, gracias al personal de la oficina del médico forense del condado de Maricopa que acudió a recoger el cadáver. El niño fue reanimado y trasladado de urgencia a otro hospital donde recibió las atenciones médicas que le salvaron la vida.
La hipotermia en niños rescatados de ahogarse en playas y piscinas, puede dejar personas en estado de vida suspendida con sus sistemas metabólicos ralentizados por el frío que, en soporte vital y medicina de urgencia, no pueden etiquetarse de muertos hasta que estén “calientes y muertos”. Es decir, que, en estos casos, hay que calentar al paciente hasta que pueda alcanzar la temperatura corporal normal, aplicarle técnicas de reanimación y luego comprobar que no tiene signos vitales… declarar a una persona muerta no es tan sencillo.
Existen nuevos protocolos que debemos saber aplicar antes de declarar muerta a una persona, también hay cursos y talleres RCP (Reanimación Cardio Pulmonar) que no solo los médicos debemos aprender. Y podremos salvar vidas incluso en casos que pudiéramos considerar perdidos.
REFERENCIA: Declaring Death Is Not So Simply. Judy Melinek, MD. MedPage Today, July 13, 2026.

